3 sept 2010

La chica de Papel


Carta: Varios
Tabla: Las estaciones
Fandom: Original
Advertencias: Ninguna
3. Primavera

Siempre hubo soledad para ese viejo, retirado por gusto a la colina de Toglado
Así lo había escogido él que no pensaba en las complicadas trivialidades del mundo civilizado
Pasaba sus horas mirando los arboles florecer en la primavera eterna de ese lugar olvidado
Solo, inexistente, en las memorias de pocos estaba aun el viejo recordado.

Un día las flores parecían perfumar intencionalmente para hacerlo sonreír
Y se sintió triste de no tener con quien compartir
Decidiendo pues, jugar a brindar existir
Pensando que la locura podría estar en un solitario porvenir.

Tomo un cuaderno, rasgando sus hojas sin delicadeza
Juntó ramas que le proveía la naturaleza
Formó con estas una silueta y una estructura con fortaleza
El cuerpo en bruto de una fémina con futura belleza.

El cuaderno y sus hojas añejados le dieron una piel canela
Unos suaves telas, un cabello negro de franela
Un poco de pintura y nació a la luz de la vela
Una chica de papel, ojos de acuarela.

Chica de rebosante alegría vestida con una cortina
Resulto ser su creación y nueva inquilina
Que rie, habla e incluso camina
Una chica adorable a la que llamó Paulina.

“Padre, padre, hoy salí al jardín y corte una rosa”
Decía contenta por su descubrimiento de esa mañana brumosa
“Bien, mi niña, siéntate y cuéntame de que estuvo la cosa”
Le apremiaba el viejo, asombrado de que fuera tan curiosa.

Todo era alegría hasta que Paulina caminó más de lo que solía poder
Al volver en su cara estaba una expresión de no poderlo creer
“Padre hoy he mirado de lejos al rio correr”
“¡Paulina no lo vuelvas a hacer! Que si te acercas al rio podrías nunca volver”.

La chica era terca y amaba por el rio andar
“Seguro que si miro los peces, podría aprender a nadar”
Ignorando las palabras del viejo, que bien le hizo brindar
Ojala hubiera escogido, esa advertencia no olvidar.

Tarde se hacía en Togledo, y Paulina no ha regresado
Dejando a su viejo padre esperando, triste y preocupado
Tomó la linterna en mano y salió acelerado
“Por favor que mi niña Paulina no me haya ignorado”.

Al llegar al rio, la escena le estremeció
El agua pintada de acuarela mal augurio le pareció
Trozos de negra franela y papel que se desvaneció
Restos de la niña curiosa que por desobediente pereció.

30 ago 2010

Vuelve el Principe



Carta: Abstractismo y Filosofía
Tabla: Recuerdos
Fandom: Original
5. Recuerdos Desagradables

De "Historias de 3 Mujeres"
Vol. 5 Vuelve el Principe

Dicen que la mente protege a uno de los recuerdos desagradables, sería algo bastante efectivo si el mundo que te rodea no estuviera afanado en recordarte lo que tú solo quieres olvidar, es mi caso… las mujeres de mi vida me recordarán siempre los errores que he cometido como un letrero imborrable en mi frente, lo merezco, no lo niego.

Hace ya bastante que dejé mi casa, recuerdo a mi madre llorando al verme en el tren que me llevó a otra ciudad, junto a “ella”. Ella… ese es el error que mi memoria se afana en cubrir, no recuerdo su nombre aunque mil veces lo mencioné con ilusión, pero ahora ya no me importa, si no lo recuerdo es mejor, si no la menciono es mejor, pero es la inevitable pregunta a la que me enfrentare al regresar a casa, ahora mismo creo que romperé el aza de mi maleta con la fuerza con la que la aprieto, temo su reacción cuando este taxi me deje frente el camino que conduce a la casa: no les llamé, no las busqué… las abandoné ¿Cómo pude hacerle eso a las mujeres que me han dado todo?

Detesto ser varón en este momento, como unas curvas bonitas me llevaron a dejar mi casa y destrozarme el cuerpo y el alma por complacer a la dueña de estas y ¿para qué? Solo para ser tratado de lo peor y ser abandonado como un perro viejo, incapaz de cubrir los caprichos de ella, pensándola el amor de mi vida… soy un idiota.

El momento de la verdad esta ante mis ojos, he llegado a la que siempre fue mi casa, de la que yo me ocupé cuando mi padre debió partir… tomo una bocanada de aire antes de caminar por el pasillito hasta la puerta, llamando a esta y esperando con el corazón en la garganta, aferrando la maleta. Aquí estás madre, puedo ver tus ojos llenándose de lágrimas y a tu espalda a la abuela abrazando a mi hermanita que pronto corre a lanzarse a mis brazos.

“Te esperábamos, Mi príncipe”

No hay reclamos, como si solo hubiera ido a la tienda y no marchado por años a otra ciudad. Abrazo a mi hermana con las lágrimas amenazando con brotar, las mujeres de mi vida siempre esperaron por mí incondicionalmente, mis majestades.

- Estoy en Casa

Las Princesas y sus Mundos



Carta: Abstractismo y Filosofía
Tabla: Recuerdos
Fandom: Original
4. Recuerdos Divertidos

De "Historias de 3 Mujeres"
Vol. 4 Las princesas y sus mundos

- Mamá, ya no se qué hacer con tu nieta, hoy mismo me ha dicho que tenía muchas ganas de ir a jugar al parque y cuando llegamos dijo que ya había sido suficiente y que regresáramos a casa ¡Acabábamos de llegar! -

- Vaya, cuéntame que pasó en el camino-

- Nada fuera de lo normal, bueno, había una laguna de agua en medio de la calle por la lluvia de anoche y tuvimos que rodear un poco, entrar a un jardín porque un chico en su bicicleta casi nos atropella mientras lo perseguía un perro, se nos acercó un vendedor de esos milagrosos y tuvimos que esperar un poco para cruzar por el tráfico… creo que no era para que se aburriera.

- Iré a hablar con ella hija –la anciana se levantó de su sillón y caminó apoyada en su bastón hasta el cuarto de su nietecita tocando y pasando a sentarse a la cama de la pequeña, donde esta estaba con una gran sonrisa- Princesita, mi nietecita ¿Cómo estuvo tu día? –

- Abuelita, ¡abuelita! Hoy fue un día maravilloso, ¡toda una aventura de princesas! Tus princesas –

- Cuéntale a esta vieja Reina tu aventura, pequeña princesita-

- Yo quería ir al bosque encantado, asi que ambas recorríamos la vereda hasta llegar al enorme lago negro, daban ganas de entrar en él pero ¡No! Que dicen que esta embrujado pero… ¡No había puente! Asi que nos fuimos por las lejanías, ¿Sabes? Dicen que son muy peligrosas, pero nosotras somos valientes y seguimos por ahí ¿Qué crees que ví? ¡Un caballero en su caballo huyendo de un enorme dragón que tiraba fuego! Tuvimos que huir a un bosque para no ser alcanzadas por la batalla, hubieras visto. Pero te decía abuelita, seguíamos en el camino y se nos aparece un brujo, vendiéndonos pócimas mágicas pero yo le dije a mamá que no se las comprara ¿Te imaginas si fueran de magia negra? ¡No quiero terminar convertida en sapo! Así que huimos a través de una manada de unicornios salvajes, ¡Que peligrosos son! Y entonces llegamos al bosque encantado-

- ¿Por qué no te quedaste en el bosque, mi princesa?

- Abuelita, ¿Escuchaste mi aventura? Fue tan divertido el camino que yo solo quería regresar a mi castillo.

3 ago 2010

Sin él



Carta: Abstractismo y Filosofía
Tabla: Recuerdos
Fandom: Original
3. Recuerdos Dolorosos

De "Historias de 3 Mujeres"
Vol. 3 Sin él

Las tres mujeres estaban de pie frente a un mausoleo de mármol negro, las tres vestidas de negro, las tres silenciosas, las tres lo extrañaban, hacía ya cinco años de su partida, y ahí lo visitaban las tres generaciones que había conocido: la suegra, la esposa y la hija, las tres le lloraban… las tres lo recordaban en sus facetas diferentes, con cada una fue diferente y aun así las tres lo adoraron.

La mujer de cabellos encanecidos y figura encorvada recordaba al hombre serio y atento que siempre frecuentó a su única hija, que cuando su marido falleció la acogió con su nueva familia, a pesar de que él y su hija eran una pareja joven, que siempre procuró por ella y la trataba con respeto, era un hombre excepcional, monarca y no dictador de su hogar.

La mujer de mediana edad lo recordaba como el joven encantador que le insistió meses en la escuela para que saliera con él, que cuando finalmente aceptó respetaba sus decisiones y no interrumpía su silencio, que cuando la miraba llorar no decía nada y solo se sentaba a su lado, protegiéndola entre sus brazos y besando sus cabellos. Una imagen de el de traje y el con sus hijos en brazos, el novio perfecto que se transformó en el esposo de sus sueños.

La pequeña no lo recordaba definidamente, solo era una voz dulce y un hombre gigante que la levantaba del suelo, que jugaba con ella y cargaba mientras su hermano trataba de subirse a su espalda, su padre, un hombre con el que no podía jugar más.

Tan triste fue el accidente, tan repentino, tan desafortunado, un hombre como él con toda su juventud y su gran corazón no debería irse tan pronto, recordar que sonrió antes de marcharse una mañana y no regresó en la tarde, fue directo a ese sitio donde todos lloran y gritan su pérdida, pero ninguna gritó, las tres sufrieron en silencio, las mayores lloraron la desgracia mientras la pequeña solo alcanzaba mínimamente comprender lo que sucedía, no podían exigirle y recriminarle que las abandonara, seguramente él las cuidaría desde arriba.

Todos los años iban a visitarlo, a limpiar su tumba… a encender las velas, siempre iban en silencio y volvían en aun mayor silencio, aunque esta vez fue diferente, no iba el único varón de la familia, y aunque ninguna de las tres lo dijo todas tenían el mismo pensamiento: deseaban que el hijo de ese maravilloso hombre no se marchara también, que las tres tenían el horrible pensamiento de ver en esa versión joven del hombre extrañado a la persona que ya no estaba con ellas, un sucio egoísmo que ninguna admitiría, pero que tampoco olvidarían.

La Partida del Príncipe



Carta: Abstractismo y Filosofía
Tabla: Recuerdos
Fandom: Original
2. Recuerdos Tristes

De "Historias de 3 Mujeres"
Vol. 2 La Partida del Príncipe

De nuevo estaba mirando por la ventana de la cocina, mientras mis manos lavaban automáticamente los platos de la cena, esta era tu tarea, no lo olvido, siempre sonriente y dispuesto a ayudar a pesar de ser pequeño y no alcanzar el fregadero, con los años no se te quitó la costumbre de hacerlo, dispuesto a ayudar a tu cansada madre que también lidiaba con tu hermana menor, tan atento mi muchacho, tan buen chico, tan educado y propio, ¿Dónde estarás ahora?

Aun espero mirarte caminar de regreso por la acera para entrar a la casa, sonriendo y con el dinero de tu trabajo en el bolsillo para cumplir el rol de hombre de la casa que has asumido, no era necesario hijito, pero siempre quisiste cuidar de esta casa llena de mujeres: de reinas y princesas que te esperan como el salvador, no necesitamos que te esfuerces tanto, cariño, que siempre nos las hemos sabido arreglar.

Tu hermana pregunta cada noche por ti, pequeña e inocente busca a su protector, quiere ir a jugar al parque contigo nuevamente, ¿Dónde estarás?

La última imagen que tengo de ti no es muy conciliadora, tu rostro triste en la ventanilla del transporte, esforzándote por sonreír mientras partías sin rumbo fijo, buscando una oportunidad que nadie te asegura, a esos terrenos desconocidos.

No quiero pensar que te fuiste por mi culpa, por ser una madre sobreprotectora que no deseaba dejarte partir, es difícil aceptar que otra dama en desgracia te ha llamado, con una intención que las princesas de esta casa no pueden ofrecerte, pero estamos tristes… mi principito, que esa damisela monopoliza a nuestro valiente salvador, no es una mala mujer, no creas que yo pienso mal de ella, solo no te queremos perder.

Al final hace meses que no sabemos de ti, me duele en el alma que tan joven hayas tomado el mismo camino que yo, espero rectifiques antes que también cometas mi errores, no te alejes de nosotras, que te queremos ver triunfar, queremos a nuestro principito en casa, con la sonrisa dibujada en el rostro de galán y tu risa alegrando el ambiente, es difícil tener fe cuando ignoramos en donde te has metido, pero mientras me dure seguiré vigilando el patio, esperando que toques la ventana con el puño y me sonrías de nuevo.

Junto a la ventana



Carta: Abstractismo y Filosofía
Tabla: Recuerdos
Fandom: Original
1. Recuerdos Felices

De "Historias de 3 Mujeres"
Vol. 1 Junto a la Ventana


Pasas horas en ese sillón, ¿Es cómodo?

No hija, es el asiento más incómodo de la casa

¿Entonces por qué pasas todo el día en él?

Porque desde aquí se mira ese prado

¿Cuál prado? Es el patio trasero y más allá solo el edificio de la central eléctrica

No hija, es un prado lleno de flores y árboles frutales, fragante y lleno de vida, el esplendor de un trabajador cansado tras un día duro en los sembradíos.

Madre, no hay sembradíos cerca, solo edificios y calles.

¿Calles? Esos caminos de dura piedra no las hay más que en el centro, donde esta el alcalde y los hospitales.

Tenemos presidente, no alcalde, recuerda las elecciones.

¿Elecciones? Solo los hombres van a votar a las oficinas, yo debo terminar de remendar la sabana para la cama, he bordado un pajarito azul en el centro, decorará las otras blancas sabanas sin duda.

Madre, ¿Estas olvidando ya?

No cariño, recuerdo todo perfectamente.

Hablas como si te hubieras quedado en el pasado.

En este momento estoy en el pasado, puedo sentirlo, olerlo, estoy en él.

Mamá, son solo recuerdos.

Entonces estoy en los recuerdos, puedo oler el aroma del café haciéndose en la olla del fogón, mientras mi madre canta una nana para mi hermanito, ven, siéntate a mi lado, para que lo veas también, siente el aroma en tu nariz, la luz del sol colándose por las cortinas de la cocina y molestando tus ojos, ¿No lo ves? Cierra los ojos entonces, yo lo veré por ti.

La sala tiene esa alfombra estampada que mandaron mis tías por navidad desde la capital, puedes ver sobre ella a mi hermana mayor escribiendo con una pluma de pavorreal, sumergiéndola en un frasco de tinta rosa, le costó días de esfuerzo a mi padre regalárselos, pero como cumplió 15 años es lo menos que podía hacer por ella.

¡Ey! No abras los ojos o te perderás lo mejor, mira por la ventana, está el prado que te mencioné, con hierba verde y árboles dispersos, esas motitas rojas son las gladiolas de temporada, ¿Ves esa niña jugando ahí?, con un vestido de domingo, un lazo rojo de diadema en su cabello rubio, soy yo, con huecos en la sonrisa por la muda de los dientes, seguramente regresaré con las orillas raspadas, y el vestido sucio, mamá se reirá condescendiente y mi padre tratará que juegue adentro con muñecas, si, esas muñecas de porcelana vestiditas en la repisa de la sala, pero yo quiero correr, antes de que el prado desaparezca.

¿Escuchas como llaman a la puerta? Será papá con algún dulcecito en la bolsa, dispuesto a regalármelo mientras le cuento sentada en su regazo los mundos que he descubierto en el prado, mientras la luz se va en el cuarto y yo debo ponerme de pie… tomar mi bastón y dirigirme a encender la luz, cuidando de no tropezar con los juguetes con lucecitas y canciones infantiles que dejó tirados mi nieta, que lindo fue ver de nuevo por la ventana, y mañana volveré a sentarme para seguir contemplando el prado, tal vez debas hacer un alto en tu rutina querida y sentarte nuevamente a verlo conmigo.

Es una oferta muy atrayente mamá.

Nada más que perder



Carta: Oscurismo
Tabla: Suicidio
Fandom: original
5. Nada más que perder

De "Las pérdidas de Antoine"
Vol. 5 Nada más que perder (Final)

Camino colina arriba con la mirada perdida, el novenario ha pasado y yo aun no me siento mejor con tu muerte, entiendo tus razones pero no me reconfortan, tu ausencia me pesa y lastima con tal intensidad que mi corazón esta roto, mi alma destrozado y mi cabeza vacia, soy un remedo de hombre, una piltrafa que se mueve, los pies dan cada paso con un andar automático, demostrando la tenacidad de un cuerpo contra un ser que solo quiere desaparecer.

La ciudad queda atras y yo no dejo de recorrer el sendero de tierra que sube la colina, tengo una razón, la única que se me ocurre con las pocas luces de fria cordura, y ya dudo que no se hayan fundido en los ultimos pasos.

Duré dias acurrucado en un rincón de mi solitaria casa, queriendo fundirme con la pared, desaparecer, dándome cuenta que ya no me quedaba nada, era una persona desconocida, sin nombre, sin recuerdos, sin espíritu, alguien dijo una vez que solo existimos en la mente de las personas que nos recuerdan, más aun en las de quien nos estima... pero me he dado cuenta que al perderte yo he dejado de existir, nadie sabe quien soy, no tngo amigos, familia o conocidos, perdi mi trabajo hace tiempo y mis compañeros tambien me han olvidado, nadie sabe de mi por lo tanto ya no existo, soy una sombra... un fantasma, un organismo de hueso y carne que roba oxígeno a las personas, solo hay algo que me queda, de lo que debo desacerme para ir contigo, volver a existir.

No lo planeé mucho, pero se que todo funcionara, la colina sube y sube y me sentiria cansado si recordara lo que es estarlo, ya no me importa, ya no siento este cuerpo tan ajeno... solo observo sin demasiada atención como el sol avanza en el sentido contrario al mio, ocultandose mientras yo me aproximo a la cima, mirando un puente de madera que pasaba entre colina y colina, mientras un rio fluia debajo, cristalino y a medida que el sol se iba... negro como las alas de un cuervo.

Camino hasta estar en medio de este, observando la tarde desapareciendo tras un ultimo suspiro, tomando unas rocas de la colina y llenando mi mochila con estas, tambien mis bolsillos, atando unas ultimas a mis zapatos y sentandome en el puente que crujió bajo mi peso.

Todo se habia ido dejandome atras, una ultima cosa me separaba de estos, un cuerpo rosado, con respiración y pulso, no lo deseaba más, ya no queria nada si eso me separaba de todo, un ultimo vistazo alrededor antes de dejarme caer al agua.

Podía sentir el viento agitando mi cabello y como estaba cada vez mas lejos del puente, sintiendo como mi cuerpo se hundia en el líquido oscuro que era el rio, rodeado de su frescura, el impacto debio de haberme dolido pero parece que ya no me quedaba mucho de humano como para sentir dolor físico.

Observaba el cielo cada vez más lejano que ya era completamente nocturno, mis cabellos y ropas flotando conforme mi cuerpo estaba cada vez mas lejos de la superficie, mis oidos zumbando y mi pecho lastimandome, podia sentirlo, tanta paz... estaba perdiendo lo ultimo que tenia, algo que ya no quería, que no necesitaba.

Unas ultimas burbujas escaparon de mi boca y nariz cuando mi cuerpo tocó el fondo, mantenido ahi por el peso de las rocas, ya no tenia aliento, ya no tenia nada, no habia más cosas que pudiera perder... mis ojos se cerraban pero en luar de eso parecian abrirse a una luz cegadora:

"Antoine... te estabas tardando"


Tú voz... como la extrañaba, ya no importa donde este o a donde vaya, estaré contigo.

Mis ojos se cierran mientras otros se abren a la luz cegadora, dejando un cuerpo que sonrie antes de dejar de funcionar definitivamente.

Fin

La puerta de Madera



Carta: Oscurismo
Tabla: Suicidio
Fandom: original
4. Acostarse en las vias

De "Las pérdidas de Antoine"
Vol. 4 La puerta de Madera

Estoy triste, cariño, sin duda lo estoy... puedo decirte sin temor a ser considerado un embustero que en toda mi vida no he estado más triste, aqui de pie, solo, sin fuerzas, con los ojos secos y la garganta destrozada, frente a esta puerta cerrada que te mantiene lejos de mi, separados por una barrera invisible tan dificil de saltar.

¿Como llegamos a esto? ¡¿Por que me abandonaste?!... ni siquiera tengo ánimos de reclamar respuestas que seguramente no vas a darme, pero ya no tengo nada que esperar, deseo odiarte sabiendo que no puedo hacerlo.

Lo se, no hace mucho me dijiste que querías terminar con todo esto, que te sentias destruido, incompleto, que mi amor no podia aliviar tus incertidumbres, que querías cerrar los ojos y que todo hubiera terminado... que cobarde, que ingenioso, que egoista...

Siempre fuiste de tomarte las cosas en un sentido muy literal, querias dormir y que todo pasara, pero aunque durmieras 23 hrs diarias la que quedaba era de absoluto dolor, te ofrecí mi ayuda para superarlo juntos pero tu fuiste un cruel adulto realista al decir que las cosas no se solucionarian.

Te ví sufrir, consumirte, mientras tu atractivo perdia su brillo y tu sonrisa se apagaba, como esa peste te destruia por dentro y tus fuerzas se acababan, trataba de acompañarte, hacerte todo más llevadero, pero sé que fue inutil, que tu amor por mi era eclipsado por el dolor, me sentía morir contigo.

Impotencia

No podía ayudarte, ni siquiera darte consuelo.

Inutil


Me dolia verte dejarme sin saber cuando seria la última vez que veria tus ojos abrirse

Incertidumbre.

Verte sufrir me hacia morir, ver tu agonia me tranmitia tus sensaciones.

Dolor

Dicen que ese día te levantaste, te arreglaste y saliste con un aire alegre que tenia meses sin estar presente en ti, yo te ví, fuiste a verme y pasar un tiempo conmigo, abrazandome, diciendome que me querias, yo creia que todo iria a mejor, que tu espíritu de luchador habia regresado, me despedí de ti, dandote un beso y deseandote que descansaras, asentiste, y te marchaste.

Lo demás es historia, siempre tan literal, lo repito, tres potentes pastillas para dormir te dejaron noqueado, con tus ojos cerrados ni un tren podria despertarte, incluso cuando este pasó puntualmente por el tramo oscuro donde te recostaste a hacer tu siesta, cerraste los ojos y no volviste a abrirlos, tan efimero que ni tu cuerpo quedo entero, permaneciendo en un ataud cerrado, esa puerta de madera que yo no me atreví nunca a abrir en tu funeral, en la que caian mis lagrimas mientras tu ya no sufrias, ahora te envidio, eres un egoista, te marchaste dejandome aqui, mientras yo... no se si mi nombre volverá a ser pronunciado por alguien.

Disculpa el Desastre




Carta: Oscurismo
Tabla: Suicidio
Fandom: original
3. Dispararse

De "Las pérdidas de Antoine"
Vol. 3 Disculpa el desastre

Estaba sentado con mi querido amigo, si señores, no solo tengo amigas que ya dije anteriormente que mi orientación no me hace menos hombre, en fin, esta vez no les hablaré de mi, aunque todo tiene que ver conmigo directa e indirectamente, no soy ególatra, creo que solo tengo mala suerte.

Yo tenía poco que habia vuelto a contactar con un amigo de la infancia, un chico bastante atractivo, mala suerte en la vida, pero lleno de carisma, solía ir a escucharlo tocar con su grupo a un bar de gente de buen estatus social, nada tonto el chico siempre enjoyado y con apariencia pulcra, ¡como me hacia reir!, mi amado a veces se celaba de él, pero eran celos tontos que el chico estaba prendado de su adorable novia.

ah... lo recuerdo tan claro, sonriendole a la chica entre el público, siempre pendiente, siempre atento, casi sentía envidia de lo bien que la trataba, a veces se lo decia de broma y el solo reia, esa chica lo mantenia alegre aunque siempre lo era, le daba esa estabilidad que no tenia.

En fin, yo duré un par de semanas sin ir a visitarlo a ese bar donde se presentaba, yo tambien tengo mis asuntos y no puedo estar en todas partes, más ahora que vivía solo. Le miré y pude ver sus ojos hundidos y su atractivo opacado, no estaba chispeante y enérgico como siempre, supuse que algo habia pasado con su adorable novia de talla pequeña, no me equivoqué, la chica lo habia dejado.

¿Que podria yo hacer por él? Claro que le dije que no valia la pena y que vendria otra que si lo valiera pero el no estaba muy convencido, lo supe inmediatamente: habia perdido la estabilidad en su vida.

Le deseé suerte y tuve que dejar el lugar, pero volví en unos días preocupado por él, ¡Claro que me preocupo por él! No se por que la gente me cree un ser desalmado, ¡Si soy adorable! bueno de nuevo voy sobre mi, el punto es que él estaba mejor, se le miraba serio pero más animado, dijo que quería arreglar las cosas con su novia y que quería que lo acompañára a una fiesta esa noche, claro que fui con él, aunque le dije a mi novio que tambien fuera, no pudo, lamentablemente, pero al caso daba lo mismo, era algo importante para mi amigo, no para mi.

Fuimos, noche, alcohol, música a todo volúmen, me quedé atras, solo observandolo acercarse a la chica, ahi estaba ella, adorable para él mientras a mi me parecía una persona mustia, bueno, creo que yo no debo opinar de mujeres.

No podría olvidar ese momento, se acercó con tranquilidad a ella, pero un par de amigos de ésta le cerraron el paso impidiendole llegar a ella, la chica no parecia tener tampoco deseos de hablar con él, mi amigo no se resistió, asintió, una frase de que habia entendido el asunto y sus ojos fijos en los de la chica, sonrió y se metió la mano al bolsillo, sacando una pistola, los chicos se hicieron hacia atras y yo tambien, no habia necesidad de crimen con tantos testigos, pero no le apuntó a nadie, solo una frase de amor y reproche antes de dirigir el cañón a su cabeza, un estallido y un sonido hueco al caer el cuerpo al suelo, salpicando a los otros chicos de sangre.

Ahi estaba mi amigo, muerto, con una sonrisa en el rostro a pesar de su cabeza destrozada, la chica gritando con todas sus fuerzas, la música alegre dando una bizarra banda sonora y yo tomando el telefono, informando el terrible y pidiendo una ambulancia, sentandome en la barda al cerrar el celular, mirando el cielo.

No debiste hacer eso... tantas hubieran matado por ti y tu mueres por la que no vale la pena. Chico tonto, sé que no fue ella la que te orilló a eso, tal vez no tan tonto, dejarla con la culpa cuando fue la desesperación de tu insatisfactoria vida la que jaló del gatillo. Creo que tengo mala suerte definitivamente, pero alla donde estes, ojala estes en paz, riendote de nosotros.



-Basado en un hecho real. En memoria de un chico desesperado. R.I.P

2 ago 2010

La despedida en la tina



Carta: Oscurismo
Tabla: Suicidio
Fandom: original
2. Venas Cortadas

De "Las pérdidas de Antoine"
Vol. 2 La despedida en la tina

Llevo ya un tiempo con él, más de un año ha pasado desde el funeral donde no vi que él llorara la pérdida de mi pobre amiga enamorada de él, fue una triste noticia su suicidio pero aunque yo lloré horas el se mantenia calmado, entonces entre mis lagrimas sonreí, ya que él no lo lamentaba, ni siquiera la hacia en el mapa, me puso tan feliz que en cuanto pasaron un par de meses del entierro me acerqué a él, como lo sospechaba mi chico adorado era tan flexible como yo, por lo que decidimos estar juntos.

A que si se hizo un revuelo, nadie sospechaba que dos chicos tan apuestos tuvieran esa orientación, como si nos importara lo que todos ellos dijeron, viviamos nuestra vida sin escucharlo, sin mirarlos ¿Quienes eran ellos? Nadie, piezas de la escenografía de una obra llamada sociedad.

HUbo alguien que si me afectó ver triste, mi madre, mi pobre y dulce nadre con ideas retrógradas, le expliqué que era por mi felicidad y que no era menos hombre ni menos hijo suyo por andar con otro chico, no pareció muy conforme y lloraba por las noches, en silencio creia ella.

La miraba decaida, pero comprendí que ella no era muy diferente de las demas personas que nos criticaban, asi que comencé a ignorarla, fue un buen sistema.

Un día iba a quedarme con mi novio, pero decidí regresar a la casa a cambiarme antes de ir, estaba todo muy silencioso, pero la puerta del baño estaba abierta, me asomé mirando la tina con mi madre dentro, pálida y con gesto de dolor, entré para preguntarle si se encontraba bien cuando miré la poca agua que habia teñida de rojo, sus muñecas sangraban y ella me miraba con tristeza, llena de dolor, moviendo los labios queriendome decir algo pero sin articularlo, yo solo negué con la cabeza, recargandome en la pared.

- ¿Te duele? Es lógico, cortarte las venas no es una muerte indolora y mucho menos inmediata, es tortuosa, destructiva, te arrepientes poco a poco, ahora te arrepientes... ¿No es verdad? - le dije mirandola con una profunda lástima, ella solo sonrió debilmente, con la mirada perdida en un estupor vaporoso, debil pero consciente, sin poder hablar, sintiendo la muerte próxima.

- ¿Por qué mamá? Si tanto me odiabas pudiste haberme corrido, haberte ido, decirme excusas.. pero suicidarte, eso es bajo -le dije de manera reprobatoria, mientras ella parecia sufrir mucho, desangrandose con una lentitud agonizante, me preguntaba cuanto tiempo tendria en esa tina, la miré con tristeza- Es una lástima que decidieras morir, me saludas a los abuelos alla arriba... que a mi hay alguien que me espera en este momento en este mundo terrenal, te quiero mamá- me despedí de ella, dandole la espalda sin molestarme en llamar a una ambulancia, o pedir ayuda, salí por la puerta principal sin muestra alguna de dolor, aunque estaba descepcionado de la mujer que me dió la vida.

Llegué con mi amado sin cambiarme de ropa, diciendo que habia cambiado de opinion, durmiendo con él solo para ser despertado por el celular en la madrugada, solo para darme la terrible noticia de que mi madre habia fallecido, refugiandome en los brazos de mi chico, llorando mi pérdida.

El árbol de los recuerdos



Carta: Oscurismo
Tabla: Suicidio
Fandom: Original.
1. Ahorcado

De "Las Pérdidas de Antoine"
Vol. 1 El árbol de los recuerdos

Ella y yo crecimos juntos, vivíamos a unas cuantas casas de distancia, ella era tan rubia y bonita, la chica que todos deseaban, menos yo, claro, que ella no es de mis gustos, solo es mi amiga.

Me pregunto cuantas veces habremos ido a la colina, allá donde había tanta vegetación y un enorme árbol al que trepábamos de niños. El tiempo ha pasado y ya no lo hacemos, es que las damas no trepan árboles, pero yo, que soy un chico, puedo seguir haciéndolo, que me gusta como se ve todo desde ahí.

Él llegó a nuestras vidas y todo cambió, tu le mirabas con esos ojos de tonta enamorada

Cuanto Odio esa Mirada

No estoy seguro de en qué momento tu mirada me comenzó a molestar

Me daba asco

Quizás fue cuando tus ojos azules le seguían con insistencia Acechadora

Sucia

O cuando era acompañada d4e esa sonrisa nerviosa de quien observa a un príncipe.

Ingenua

Creo que todo fue cuando comenzaste a usar vestidos

Si... creo que en ese momento fue

Pero ya no deseaba escucharte hablar de él, debía decírtelo...

Exigírtelo

Vamos a la colina, a hablar como planeamos, de nuevo estas usando un vestido, aunque es invierno y debes usar abrigo y bufanda, no te entenderé nunca.

"Subamos al árbol" te pido con esa sonrisa de niño travieso que bien conoces, estirando mi mano enguantada para ayudarte a subir.

"Solo esta vez" me respondes con esa sonrisa ensayada mientras ambos columpiábamos los pies sentados en una rama.

"Me gusta tu bufanda" Comenté casualmente, jugando con esta entre mis dedos, tú sonríes de nuevo.

"Espero que a él también le guste" Dijo ella con una sonrisa.

"Oh, sin duda le gustaran" Aseguré con una sonrisa forzada "Igual que tus vestidos baratos" dije con frialdad.

"¿Por qué me dices eso? ¿Qué no eres mi amigo?" preguntó molesta

"Eres otra chica que quiere con él, no te hará caso, de seguro los vestidos no le gustan"

"No digas cosas que no sabes... ¿Estás celoso?" preguntó enternecida ante la posibilidad

"Lo estoy" Respondí con pesar, bajando la mirada.

"Oh discúlpame, sabes que también te aprecio como amigo, pero a él lo amo" Dijo abrazándome con cariño.

"Me gusta tu bufanda" dije únicamente recargándome en tu hombro y sosteniéndote con fuerza, haciéndome hacia atrás haciendo que ambos cayéramos de la rama.

También lo amo y no pienso dejártelo

Pero no caímos, yo te solté quedando colgado de las rodillas mientras escuchaba un crujido mirándola colgar del árbol sujeta por la bufanda, su cabeza caía en una posición morbosa, silenciosa... con el cuello roto.

La miré dejando una nota a sus pies con una pulcra caligrafía copiada de su diario, caminando con una sonrisa en los labios.

Qué triste es la gente que se suicida teniendo todo por delante

3 jul 2010

Los Charcos Mojados

Carta: Tristeza.
Tabla: Desamor.
Fandom: Original.

No.3 No te separes de mi


Llueve de nuevo esta tarde, me gusta que llueva, pero a ti no te gusta, dices que puedo enfermarme por jugar en la lluvia, vamos, vamos, juguemos… una vez más, ¿O es que los adultos no saltan en los charcos?

Me sonreíste, estas contenta de que quiera jugar contigo, me gusta jugar contigo, no todos tienen un amigo adulto, los adultos son raros, que no juegan como los niños, por eso no muchos niños tienen amigos adultos, deberían jugar más, ¿No lo crees?

Me haces usar una sombrilla, bueno aun así puedo jugar en los charcos, están mojados, ¡no te rías!, los charcos no siempre están mojados, a veces son lodosos y te hacen resbalar, pero si resbalas caes y te ensucias, por eso debes jugar mejor en los charcos mojados, te mojas pero no te ensucias.

Debemos cruzar la avenida, me tomas la mano, es que los niños somos pequeños y no podemos ver si viene un auto rápidamente, siempre me cuidas tanto, los adultos son grandes para cuidar de los más pequeños, siempre me lo dices, entonces mi manita toma la tuya, cruzando con cuidado, mirando después a los autos pasar por el mojado pavimento salpicando agua, pero me sigues sosteniendo la mano, se que ya es hora de ir a mi casa, ¿Jugaras conmigo? ¡Hay que tomar chocolate y galletas! ¿No? Los adultos toman café, por que el café es cosa de adultos, pero tú eres una adulta diferente a mi mama ¿Las niñeras son siempre tan bonitas? ¡No te rías! Mejor dame esa galleta de arriba de la alacena, que yo no alcanzo, pero cuando sea adulto la tomare por mí mismo, yo lo sé.

Nos sentamos a ver llover, pronto deberás irte, pero yo no podre acompañarte, recuerda lo de los charcos mojados y no vayas a caer, que eres tan alta que de seguro te lastimarías mucho y eso duele, no quiero que te duela, que eres bonita.



Llueve de nuevo, no es muy diferente a aquella tarde, ¿Recuerdas los charcos mojados? ¡No te rías! Que no hay que olvidarlos, ¡saltemos en los charcos mojados!, los adultos también deberían saltar en los charcos mojados.

De nuevo una avenida, tomas mi mano pequeña, dices que los adultos son grandes para cuidar de los más pequeños, si, recuerdo haberlo escuchado antes, al cruzar miro a los autos salpicar con una sonrisa, a veces creo que las cosas se repiten una y otra vez, me agrada, añoro aquel día.

Debemos ir a mi casa ¿Te quedarás conmigo? Quiero un chocolate, aunque sé que los adultos toman café, sonríes, si, sé que soy infantil, ahora estiro la mano para tomar una galletas de la alacena, pero ya lo has hecho por mí, sostienes el frasco entre tus manos, si, sabía que no me dejarías dártelo, recuerdo que dijiste que cuando lo alcanzaras lo tomarías por ti mismo.

Ya no soy tu niñera, ¿Sigo pareciéndote bonita? Aunque ya no me veas tan alta, ya no podre regañarte, aunque deba alzar la vista para ver tus ojos aun puedo ver a ese niño que quería saltar en los charcos mojados, aunque también sea un adulto, un joven listo y apuesto de sonrisa traviesa, eres tan joven aun, pero siempre me abrazas, diciendo que ahora tú no quieres dejar de cuidarme, que sigo bonita, ya se, la próxima vez que llueva usaremos impermeable, quiero saltar contigo en los charcos mojados.

Una espera

Carta: Tristeza
Tabla: Desamor
Claim: Original
5. No me dejes sola, otra vez.


He esperado todo el día este momento, sentada en el sofá con una cara ilusionada, mis ojos vigilan el reloj como si fuera a escaparse si apartaba la vista, las bonitas manecillas de latón moviéndose al compas de ese incesante tic tac, ese que muchas veces no me deja dormir al escucharse en el silencio de la amplia habitación, pero sé que en este momento cada uno me acerca más a la hora deseada.

Me he bañado temprano para poder tomarme mi tiempo en arreglarme, me ilusiona estrenar ese vestido de faldas alzadas por una bien cosida crinolina, esos que te hacen ver como una princesa de cuento, me ricé el cabello prolijamente adornándolo con una diadema de brillantitos pequeños, me maquillé como si fuera una muñeca procurando no ser exageraba con ese factor, me calcé los tacones blancos, colocándome un anillo en el dedo corazón y una pulsera de plata, perfumándome con delicadeza y sentándome a esperar, todo a tiempo, ansiosa por la hora esperada.

Estoy segura que él me traerá flores

Muevo los pies con ansias en el sillón, la hora de acerca rápidamente, no quiero parecer ansiosa al verte, no eso sería muy malo.

¡Que pensarías de mí!

La hora señalada esta en el reloj, miro con ansias la puerta escuchando a que llames, yo se que en un piso tan amplio la puerta puede a veces no escucharse.

En cualquier momento llegará

La hora a pasado, media hora, no es para tanto, en las ciudades grandes a uno solía pasarse que se le iba el tiempo en el trafico, no debía de tardar.

De seguro se quedó atorado en la avenida principal


Una hora ha pasado y no da señales de llegar, el teléfono no ha sonado en una disculpa por la tardanza y una promesa de pronta llegada, cansada me quito los tacones, usarlos tanto tiempo es bastante agotador.

Se está tardando

La sonrisa se ha borrado ya de mi rostro y los rizos se han caído regresando a mi cabello lacio y sin chiste de siempre, con gesto de molestia arrojo los zapatos lejos, caminado descalza y sentándose en una esquina de la sala en el suelo con mi vestido nuevo, me recargo en mis brazos sintiendo como la pintura comienza a correrse con el sudor del verano, con ese gesto de estar completamente harta.

Ingrato

Han pasado ya tres horas, me quito el vestido dejándolo sobre el sillón y tomo una bata cualquiera, quedándome echa un ovillo en el sillón, las alhajas quedan en la mesita junto al sillón, relegadas de importancia.

¡No puedes llegar retrasado 4 horas!

Me he quedado dormida en el sillón por la espera, y entre sueños escucho la puerta de la casa, no llamó, solo entró, escucho algo moverse en el otro extremo del sillón y como la tela de mi vestido esta en tus manos, una maldición en voz baja y como se acercaba a mí, alargue la mano golpeando involuntariamente a esa persona, mirando su rostro en la oscuridad.

De nuevo lo olvidaste

Mi voz no sonó enojada, sino herida, pase mi cumpleaños esperando por una cita con alguien que olvidó completamente que teníamos planes, que olvido mi cumpleaños.

“Lo siento”

Una voz sin sentido, un aroma a licor, no solo había olvidado todo, si no que se había ido a beber por ahí, tomo uno de los tacones y te lo arrojo con ira, te cubres disculpándote inútilmente, te empujo con todas las fuerzas que me dan mi enojo y te arrojo fuera, poniendo la cadena y todos los seguros de la puerta.

Imbécil, solo lárgate

Me dejo resbalar por la puerta quedando con la espalda recargada en esta, abrazando mis rodillas y derramando lágrimas por todo eso, esa sensación de abandono, de estar completamente sola.

Detesto ser tan poco importante para ti

Me recargo en la pared, cansada de llorar, hipando ligeramente, con una sonrisa ladeada y llena de ironía.

Lo peor, es que se que mañana te perdonaré.

28 jun 2010

Gris Y azul

Gris y Azul

Angust
Yaoi, muerte de un personaje.
Para Retos Ilustrados. Concurso de Junio

Si podía definirse de alguna manera en ese día, diría sin lugar a dudas que estaba molesto, su rostro ensombrecido no dejaba a la luz ninguna de sus facciones, cubierta totalmente por esa capucha que todos los de su especie debían portar. Las altas paredes grises de su “hogar” estaban ensombrecidas por la escasa luz de la luna que iluminaba el cielo, si se le podía llamar de alguna forma. En su habitación no había nada más que una especie de cama y un jarrón con violetas frescas y otras marchitas, apretó entre sus pálidos dedos una flor marchita, comenzaba a tomarle un odio increíble a dicha flor.

Una voz en el pasillo le hizo alzar la vista, de nuevo estaba ahí otro ser encapuchado como él, más alto, más fornido, lo único visible en su rostro era una boca que tenía una sonrisa torcida, burlona –Estoy seguro traerás otra violeta a casa – dijo el recién llegado al ver el jarrón rebosante de flores, el aludido solo hizo un ademán grosero con la mano –Piérdete Zix – dijo tajante antes de caminar a la salida.

-¿De nuevo tienes que ir por él? Se burlará de ti nuevamente – dijo la figura que respondía al nombre de Zix, el otro ya estaba en la puerta dispuesto a irse, extendiendo sus alas de murciélago antes de girarse a verlo –Esta en la lista, debo guiarlo a pesar de que se escabulla - dijo tranquilamente, antes de dejar la conversación saliendo por una ventana del pasillo alzando el vuelo para perderse en la niebla del horizonte de ese lugar.

Voló un rato antes de quedar de pie sobre un edificio de la ciudad humana que pertenecía a su “encargo”, descendió quedando en la ventana del 5to piso, ahí estaba una oficina de administración, la principal de la empresa dueña de ese edificio, no tardó mucho en aparecer la victima señalada, no podría olvidarlo, un hombre alto con un traje caro, el cabello relativamente corto, que caía en mechones descuidados color paja sobre unos ojos azul cobalto, tendría unos veinte y pocos, según su orden era un joven empresario, de 25 años, su nombre estaba escrito en rojo, Andrea D’Vega. Ese hombre que tantas molestias le había provocado, tantos regaños y disgustos, ese que se burlaba de él, debía acabar con su vida de una vez.

Esperó pacientemente, se internó en el edificio, que importaba si después de todo el era invisible para ellos, cuando el hombre estuvo solo un aparato estalló incendiando las cortinas y los muebles, el humo no se hizo esperar y pronto el cuarto estaba sofocado y ardiendo, podía escuchar la tos de Andrea mientras buscaba como salir del lugar, el solo observaba, esperando a que finalmente cayera en la inconsciencia y su corazón dejara de latir, pero el hombre no moría, pudo verlo salir por la ventana y caminar por la cornisa, ahora le hizo resbalar para que cayera y terminara por morir en el impacto, pero el hombre se aferraba hasta llegar a la ventana de la oficina vecina pidiendo ayuda, le dejaron entrar, auxiliándolo a la brevedad, mientras él hervía en su coraje, de nuevo se había escapado.

Ahora estaba en su cuarto, mirando dormir a un empresario agitado por su cercanía con la muerte, debía llevárselo ahora, si dormía incluso sufriría menos, se acercó a su cama y estaba por colocar sus manos sobre sus hombros para tomar su alma, cuando el hombre despertó y caminó al baño, al salir se puso a ver la televisión víctima de un repentino insomnio, mientras el maldecía en todos los idiomas que se sabía, dándose por vencido de nuevo se fue, cuando le miró rezar como siempre en la ventana – De nuevo he evadido a la muerte, muchas gracias por perdonarme este día – decía su mantra, dejando una violeta en la ventana, cuando regreso a ver la tele el solo la tomó, de nuevo iba dirigida a él y su incompetencia, el humano no sabía que se estaba burlando de su muerte asignada.

La muerte estaba sentaba en un columpio de un arque cercano, invisible, callado, a esa hora no había nadie ya en el lugar, a él nunca se le había escapado nadie, solo ese sujeto, ya había perdido la cuenta de cuantas veces se había salvado, había hecho de todo, accidente automovilístico, marítimo, que le cayera un objeto pesado desde alto, que le asaltaran, estar en el robo de un banco, que lo atacara un perro rabioso, sin imaginación se había quedado cuando se salvaba de todo por una u otra razón, frustrado, viendo ya la cara de Zix al verlo regresar con otra violeta, harto estaba, pero sabía que no se salvaría de la burla, regresó a su hogar: Zeff.

Zeff era la construcción donde Vivian la “muerte”, Death’s, seres que recogían las almas de los humanos, también donde vivía la verdadera “Muerte”, el sabio de entre esos seres, su jefe. En cuanto llegó a su cuarto y dejó la violeta en el jarrón, miró a Zix en la puerta – No estoy de humor para… -comenzó a decir cuando el otro solo negó con la cabeza, serio – Te llama el jefe…- fue lo único que dijo, lo que le hizo palidecer aun más, tragó saliva y se dirigió a la sala principal, donde estaba un ser encapuchado sobre un trono de huesos, una guadaña roja en su mano y él, pequeño, solo se acercó hincándose a sus pies.

-Sei… no has cumplido con tu encargo- dijo la voz implacable del encapuchado, el otro solo se encogió en sí mismo –Señor, ha evadido todo lo que le he enviado, parece aferrarse a la vida- se excusó Sei, temiendo lo peor –No me importa, te daré una última oportunidad, trae su alma o te rebajaré a ánima –dijo firmemente, antes de abrir a los pies de Sei un hoyo, que lo hizo caer en una oscuridad absoluta.

Andrea, caminaba por el parque con un paraguas en la mano, refugiándose de la lluvia camino a su casa, cuando miró tirado en el suelo a un joven de unos 17 años, se acuclilló a su lado- chico, despierta, dime ¿Estás bien? – Preguntó preocupado mientras el chico despertaba mirándolo con incredulidad, observándose las manos antes de mirar con unos vacios ojos grises, bajo el derecho tenía una marca con el número 32 escrito en romano, al mayor -¿Andrea?- dijo el joven para sorpresa del rubio, que entonces reparó en el chico, tan blanco, con un rostro bonito, el cabello negro que llegaba a sus hombros excepto en sus patillas, que eran largas y llegaban hasta sus rodillas, con cuentas de cristal en los extremos, se sonrojó al considerarlo adorable- Soy yo… ¿Tu eres? –dijo ayudándolo a levantarse, cubriéndolo de mojarse más con su paraguas- Sei, te he estado buscando Andrea –dijo con una mirada suave, tranquilo, el mayor se sintió derretirse y le condujo hasta su casa, para ayudarlo a secarse.

-Sei ¿De dónde vienes? –preguntó el rubio mientras le pasaba una toalla dejando al de ojos grises secarse, el chico parecía ausente, incluso no se quejó cuando le prestó una camisa, al haber tanta diferencia de tamaños le quedaba casi como vestido, pero a él le daba igual –del cielo- dijo sincero, provocando que Andrea lo abrazara, Sei no entendía nada y solo atinó a sonrojarse.
-¿Por qué sabes mi nombre?- preguntó el rubio sin soltar al pelinegro, el cual tenía una expresión seria en su rostro y sus ojos vacios sobre él- Porque tú deberías estar muerto –dijo sincero, mirándole, el rubio lo soltó con una sonrisa leve en el rostro, lo que sorprendió al otro.

-Lo sé- fue la respuesta del de ojos azules, sorprendiendo al otro, se sentó en la cama dejando al otro de pie- me he salvado de muchas, pero es que yo sé que no puedo irme hasta conocer al amor de mi vida –dijo con una sonrisa triste, el ojigris le miró escéptico, acercándose a él –Eso no es verdad, tu hora llegó hace un mes –dijo casi molesto con él, como seguía burlándose de él- son demasiadas flores ya, ¡muérete de una vez!- dijo rotundo, el ojiazul lo miró y solo se quedó serio.

-¿Eres la muerte Sei? – le preguntó entre en broma y en serio, el pelinegro asintió- Así me dicen los humanos, estoy harto de que te burles de mi, esas flores no pueden ser rechazadas pero las detesto- dijo molesto, tomándolo de la ropa, el mayor solo le tomó las manos- No me burlaba, era un pequeño pago por más tiempo, solo quería encontrar al adecuado, pero, si hubiera sabido que tú eras la muerte, me hubiera dejado morir- dijo tomándolo de la cintura y subiéndoselo a las piernas, tanteando su cuerpo medio desnudo, el otro le miró con incredulidad, con el rostro serio- No soy humano- dijo tajante, pero las manos del mayor le recorrían, haciéndolo suspirar, no entendía que pasaba, el mayor solo le abrazó, sonriéndole y pidiéndole silencio, apagando la luz y haciéndolo gemir. La noche pasaba mientras la muerte no podía resistirse a ese acto humano, era demasiado extraño y placentero, mientras unas palabras simples lo desarmaron –Me he enamorado de mi muerte –dijo mientras lo tenía a su merced, aunque este terminó por dormirse aferrando a tan letal persona.

Sei no sabía cómo había terminado todo así, ahora que miraba dormir a tan extraño humano, se levantó, sintiendo las manos de ese humano aun sobre su cuerpo, pero aun en ese acto nunca le permitió besarlo, no podía hacer eso, ahora que lo tenía a su merced no podía matarlo, un vacio en su interior se lo impedía, de su espalda salieron sus alas de murciélago, y su cuerpo fue cubierto por esa toga negra, lo miraba con los ojos grises llenos de tristeza, ellos no tenían sentimientos, o cosas como esas pasaban, pero le dolía, no quería llevárselo y no verlo de nuevo, quizás él mismo nunca había querido matar a ese hombre, pero, no podía evitarlo, estaba escrito, se acercó sentándose sobre la cintura del rubio, despertándolo.

-Andrea, debes morir- le dijo con la voz lo más firme que pudo, el ojiazul le miró con tristeza, aferrándose a él- ¿Volveré a verte, Sei? No sé como es el otro lado- dijo sin decidirse a soltarlo, entonces, solo pasó sus manos pálidas por su rostro, negando con la cabeza- Bésame, y tu vida se terminara, procuraré por el bien de tu alma –dijo con la voz atorada en la garganta, el ojiazul derramó una lágrima antes de aferrarlo a su cuerpo, un último “te amo” salió de su boca, antes de unirla con los labios del menor, en un beso lleno de sentimientos, el ojinegro sintió como sus fuerzas se perdieron y sostuvo el cuerpo inerte del rubio, sin vida, todo había terminado.

Lo recostó en su almohada, y se levantó de la cama, podía ver la casa vacía y en silencio, la televisión encendida era un ruido en la lejanía, así que fue a apagarla, junto al sillón estaba una cerveza vacía y una sopa a medio comer, que nunca seria terminada.
Entonces lo miró, el cuerpo sin vida de ese humano que le hacía doler el pecho, sin poderlo evitar lloró, se arrepentía de haberlo matado y hubiera dado cualquier cosa para que no hubiera sucedido, se abrazó a si mismo tratando de sentir ese tacto sobre su cuerpo, era demasiado para él, solo pudo acercarse y tomar su alma entre sus manos, sintiendo su tibieza, regresando al Zeff.
Pocos pudieron entender su dolor, no entendían por que se aferraba a esa alma humana negándose a entregársela a alguien, se recluía con sus violetas marchitas y esa alma, hasta que el jefe lo hizo ir a su encuentro, pidiéndole el alma, no se la entregó, se aferraba a ella diciendo que era suya, que no podía dejarlo ir.

-Sei… eres una vergüenza para los death’s- dijo el inconmovible jefe, mirando al joven desecho- Lo amo, le suplico que no me lo quite, a cualquier precio, lo cumpliré –dijo llorando sin importarle nada, el ser encapuchado tomó el alma de Andrea y pronto un cuerpo apareció, un Andrea ánima, la existencia paralela en el mundo de los muertos, con los ojos cerrados, lo dejó en el suelo y tomó del cuello a Sei- Era tu deseo, es un ánima, pero, tú no puedes volver a cumplir tu deber, debes pagar el precio –el ojigris asintió, cerrando los ojos con resignación, su cuerpo era sostenido mientras una mano de hueso tomaba la enorme guadaña roja, los ojos azules de Andrea se abrieron para ver al ojigris suspendido por su cuello, mientras la filosa hoja le cortaba las alas, un mar de sangre apareció y la toga negra de esta se volvió blanca, mientras la sangre la teñía rápidamente, con un rasguño le rasgó la piel de la cara donde tenía el número 32, una seriación que ya no sería necesaria, el rostro de horror de Andrea no se hizo esperar y un grito desgarrador salió de su garganta, el ser encapuchado arrojó el cuerpo ensangrentado de Sei a los brazos de Andrea -largo, no pueden regresar a Zeff –fue lo que dijo antes de que el hoyo negro apareciera dejando a un confundido y destrozado Andrea en medio de una calle de piedras, sosteniendo el cuerpo sangrante de Sei.

La gente de palidez extrema le ofreció la que sería su casa, aparentemente condenados a vivir en un mundo de muertos, sin derecho a cielo o a infierno, ni posibilidades de reencarnación, atrapados en la eternidad de los reinos inertes, mientras Andrea espera sentado junto a una cama a que su amado despierte, aunque meses han pasado y las heridas de su espalda no sanan, ni el despierta, pero el rubio espera en silencio, tiene toda la eternidad para esperar, con la esperanza que despierte en algún momento, y le reclame, pero el solo le sonreirá y le dirá que no ha tardado nada.

15 may 2010

La canasta de Duraznos

Reto Nº 3.

Carta: Tristeza.
Tabla: Desamor.
Fandom: Original.
1. No hables

¿Desde cuando estamos así?

Hace un año que nos conocimos, ella era la edecán más linda en una presentación de las distintas empresas, yo, un joven empresario que comenzaba a hacerse notar en una gran compañía, la vi., me vio, y al final del evento la invite a salir.

Fue una linda cita, y a esa siguieron más, al mes nos hicimos novios y a los tres meses nos mudamos juntos a un departamento amplio cercano a un parque, es una chica poco ambiciosa y con pésimo desempeño de ama de caso, sin embargo, yo la adoro, es inteligente y dedicada, su carácter es agradable y da pláticas amenas, además, es terriblemente hermosa, de esas que hechizan con una mirada centellante, ella sin duda tiene encanto.

Pocos caprichos no le he cumplido a la exigente chica, sin embargo verla sonreír es el gran premio por mi esfuerzo, esa sonrisa dulce al despertar a su lado teniéndola entre mis brazos, o sus lagrimas al ver el desastre hecho en la cocina al intentar en vano cocinar, no se porque la amo tanto, y aun así como todo se viene abajo en un momento.

Considero que no he hecho nada malo o para hacerla disgustar, y sin embargo ella no me sonríe igual ni me presta atención, si, se que sueno infantil por pedir su atención pero no considero posible que no me hable si no hay nadie más en la casa, comprendo que se aburre y no le restrinjo salir, sin embargo, ella cada vez es más distante, sus respuestas son monosílabos cortantes que me dirige mientras se maquilla con esmero frente al espejo ovalado de su tocador.

“Dime, ¿Qué he hecho para molestarte?” Le he preguntado más de una vez, no molesto
no triste, si no con suavidad para que no piense que me molesta su actitud, ella solo
niega diciéndome que nada he hecho, que simplemente no esta de humor.

Su mal humor se hace cada vez más constante y pasa más tiempo fuera, yo trabajo y le cumplo sus caprichos pero ya no hay ninguna muestra de agradecimiento, como si fuera mi obligación cumplir con las demandas de la exigente princesa, me siento decaer al ver como pasa todo esto.

Los últimos días me sonríe con la misma dulzura antes de salir en la mañana sin decirme a donde, yo no le pregunto ya que no quiero importunarla, pero sé bien que esa dulzura no es igual, no me llena el corazón, no me gustan las cosas por compromiso.

Hoy ha sido mi día libre, ella no pareció recordarlo y estoy solo en la casa, ese vacío triste en la casa que ya no tiene ni una muestra de felicidad de mi chica, no esta el eco de s risa vivaracha, no, solo vacío, nada más que decir.

Con tranquilidad me dirijo al refrigerador, quizás comer algo me ayude a pasar el tiempo y calmar este vacío, veo ahí dentro una canasta llena de duraznos, no recordaba que los tuviéramos, reflexiono un momento y me doy cuenta que una vecina que posee un huerto nos los había obsequiado hacia un par de semanas, con una sonrisa saque la canasta de fruta y la puse en la encimera, los pobres duraznos se ven en cierta parte blandos por el descuido de dejarlos tanto tiempo.
Saco de un cajón un cuchillo y comienzo a partir los duraznos, quitándoles las partes maltratadas y poniendo en un plato lo demás, me da tristeza que el descuido de estos haya provocado que algo tan dulce se perdiera, me recuerda a algo y eso me hace sonreír con cierta melancolía, así era la vida.

Tiro los desperdicios y corto en cuadritos la parte buena de la fruta, llevándome uno a la boca, era tremendamente dulce y jugoso, mejor aun que cuando estaba en su punto perfecto, pero aun así la inmensa dulzura de un trocito no te satisfacía como morder la fruta entera y bonita aunque al morderla no fuera tan dulce, sonreí, lo había entendido, así que deje la fruta en el plato y me dirigí a mi cuarto, sabia que debía de hacer.



Por la noche llegó una chica al lugar, con una sonrisa que se comenzaba a borrar al notar la luz en el comedor, sobre la mesa estaba un plato con duraznos partidos, con el cansancio que traía por haber salido con sus amigas tanto tiempo para distraerse se sentó a comerlo, estaba muy rico, muy dulce, así que gustosa se los comió todos, se levantó a lavar el plato y notó que bajo este estaba una nota, era la letra de su novio, hizo un gesto de duda y la alzo para leerla, un gesto de sorpresa se instaló en su rostro y corrió al cuarto abriendo el closet, no había nada de su ropa. Ni sus trajes ni sus corbatas, corrió al baño y no estaba su cepillo de dientes, en toda la casa no había nada de él y con pesar se dejó caer en el sillón pasándose la mano por la cabeza, había sido su culpa, él había sido un gran novio y ella no lo había sabido apreciar, se sintió tan tonta pero no pudo llorar, ya que la culpa se lo impedía.



En el balcón de un hotel se encontraba un sonriente chico, mirando la noche con tranquilidad, no valía la pena estar al lado de una persona que le daba esa dulzura hueca, no más silencio incomodo, había sido un “durazno” agradable.



La chica tomaba una copa en el sillón con un gesto de seriedad mientras una lágrima le pasaba por la mejilla, y en la mesa estaba la nota escrita pulcramente.

“Amor… La fruta siempre es más dulce antes de echarse a perder. Adiós”

1 may 2010

Jaque

No 25 Poder Ingenuo


Las paredes retumbaban haciendo que las lámparas de keroseno tintinearan amenazando con caer, las pobres personas escondidas en esas madrigueras temblaban de miedo ante cada nueva explosión, tenían días ¿O semanas? Sin distinguir el día de la noche, las horas eran irrelevantes para el que no espera, un minuto podía ser tan largo como una hora y una hora tan corta como un parpadeo, lo único constante era el miedo que los invadía como la humedad a ese túnel.

La gente ya no lloraba y los rezos ya no se escuchaban, no había esperanza ya, solo miedo, miedo y nada más, el deseo de supervivencia comenzaba a ser eclipsado por la necesidad de paz, una paz que quizás la muerte ya no traería, no había ganas de luchar, todos se habían rendido, esperando el final.

En la superficie todo estaba destruido, los enormes edificios que alguna vez demostraron una belleza colonial eran solo un sinfín de piedras y granito en el suelo, amontonados encaprichadamente como los juguetes de un niño, el cielo era gris y el aire apestaba a pólvora, las explosiones eran constantes y devastadoras, terminando por destruir la fe de los habitantes.

Los cañones cantaban el himno de la guerra, reclamando una tierra gloriosa que ahora solo era un desolado desierto, los soldados reían una victoria inminente buscando el último refugio de los infelices que alguna vez habitaron esa tierra, solo un último ataque, uno y nada más.

El día terminó en un absoluto silencio mientras los soldados celebraban bebiendo vinos baratos, un sonido los alertó de un intruso y uno salió a eliminar el origen, pero nunca volvió, las luces se fueron y gritos invadieron la noche, gritos silenciados por la falsa paz de la noche vacía, todo cesó.

Un pelotón horrorizado miró el rio de sangre y el cuerpo inerte de 20 soldados ¿Cómo había sucedido aquello? El alba penetraba el cielo mientras sobre una lejana torre de escombros una figura encapuchada con una túnica roja y una inmensa espada sobre el hombro les señalaba y se perdía entre las ruinas, los soldados no podían creer que esa figura fuese la responsable.

Noche tras noche habían más y más bajas, siempre con un rio de sangre como firma, los soldados comenzaban a temer a ese dios de la muerte, entre ellos le llamaban “la muerte roja”, unos decían que era un ser imponente, otros que tenía un pacto con el otro mundo pero todos en el fondo le temían, un puro y nítido miedo a un juicio que sabían merecían.

Un joven capitán no creía fuese un ser todopoderoso, sentado frente a su tablero de ajedrez pensaba su siguiente jugada, seguramente sería un rebelde que buscaba desesperadamente una victoria imposible, deseaba ponerle una trampa, atapar a ese invisible justiciero, el no perdería contra un idealista.

La trampa fue puesta, pero el ratón rojizo no cayó en ella, mejor se llevó la vida de los captores con él, dejando a un frustrado capitán a borde de una locura inminente, los cazadores detestan perder.

El capitán daba vueltas en su oficina en el vacío campo de batalla, su tablero de ajedrez estaba en movimiento, las piezas blancas estaban dispersas tratando de acabar con el Rey de los negros, el rey estaba solo y desprotegido y sin embargo todas las piezas blancas no eran capaces de ponerlo en jaque, ese individuo llamado “la muerte roja” le estaba ganando la partida.

No estaba jugando apropiadamente, necesitaba arrinconarle, hacerlo que no tuviera a donde huir, no había mejor manera que demostrar que habían encontrado a los demás habitantes, si era un justiciero no los abandonaría y caería.

Esta vez él estaba comandando las tropas que había dispuesto a atacar al único refugio, uno bajo tierra, era de noche, el terreno del justiciero, le daría esa ayuda, si se acercaba estaba acabado.

Un gritó rompió el silencio y dos soldados cayeron, sobre un cañón estaba sentada la figura con la enorme espada ensangrentada, y una batalla comenzó para acabar con ese ser, ese que se movía como fantasma en las montañas de escombros, el rugido de los cañones rompía el silencio de la noche y el silbido de las balas creaban un coro, sin embargo seguían cayendo soldados hasta que un cañonazo impacto una montaña de escombros creando una explosión que mandó volar parte de esta, la figura se vio caer de espaldas mientras la túnica volaba en partes por el cielo de pólvora como si fuera humo, la figura quedó en el suelo mientras la sangre fluía, sin embargo se levantó dispuesto a seguir hasta que lo acorralaron y bajo la capucha que solo dejaba ver la boca se mostró una sonrisa maliciosa y levanto los brazos, el capitán se acercó a la sangrante figura y notó que no era nada imponente, era bastante bajo, a duras penas le llegaría al hombro, sin embargo lo mando arrestar, pidió le curaran para poder interrogarlo.

El capitán estaba sentado tras su escritorio mirando su tablero de ajedrez, cuando llegaron dos soldados con el individuo, ya no tenía la túnica, tenía una camisa de los soldados que le quedaba casi como bata, era un individuo pequeño y menudo, de piel blanca y con el cabello rubio cubriéndole totalmente los ojos y quedando a la altura del mentón en la parte de atrás, parecía que lo había cortado con la espada y seguramente así sería.

-Te he ganado, muerte roja

El individuo solo sonrió burlón, mirando el suelo

-Déjenme con él-

Los soldados salieron.

-Deberemos ejecutarte, has causado muchos problemas-

De nuevo la misma sonrisa

-¡De que te ríes!-

Molesto le tomo de la camisa levantándolo, la camisa se abrió mostrando un cuerpo blanco semi vendado con un pecho en desarrollo, una mujer.

-Una chica… pero ¿Cómo?-

-Igual que si fuera un chico, mi capitán-

Se burló la chica

-No pude estar perdiendo contra una chica-

Se sentó en su silla mirándola sin entender

-Corrijo, estás perdiendo contra una adolescente-

Se subió gateando a su escritorio quitándose el cabello de los ojos mostrando unos ojos verdes vacios

-¡He ganado!-

La tomó del cuello asfixiándola

-No… es así-

Dijo sonriendo a pesar de estarse ahogando

-Te ejecutaremos al alba-

La soltó marchándose del lugar dejándola encerrada.

-Es un jaque contra mí… -

Dijo la chica recostándose en el escritorio cerrando los ojos burlona.

El Alba

Los soldados estaban frente al refugio de los habitantes con la chica apresada, atada a un poste de madera, esta sonreía mientras le leían su sentencia, los soldados sabían que la chica estaba desquiciada.

-¿Un último deseo?

-Mi túnica-


Le colocaron la túnica sobre las cuerdas, mientras le apuntaban con rifles dispuestos a acabar con la niña

-Tus últimas palabras…

La chica sonrió.

-cuando la reina se sacrifica después de un buen juego, un peón le gana al rey-

El capitán mandó la orden de disparar, mientras de todas partes salían los rebeldes temerosos pero armados atacando a unos mermados soldados, la chica sonrió cuando le desataron, tomando su espada y dirigiéndose al capitán, que se defendió.

-Mi capitán, la guerra es un juego de ajedrez-

Le dijo riendo corriendo hasta una montaña de escombros mientras este le seguía furioso, ahí sin tener a donde correr el joven capitán le apuntó con su arma.

-No tienes a donde correr, muerte roja-

Y con odio le disparó, la chica se abrazó a él robándole un beso.

-Capitán…-

Sonrió con la sangre fluyendo de su boca, encajó la espada en la montaña de escombros y se dejó caer de espaldas al vacío.

-Jaque Mate-

Dijo en medio de la caída, la espada activó una mina y mandó a volar al capitán y los soldados cercanos, debilitando bastante a los invasores.


En la mesa estaba el tablero de ajedrez tenía una posición diferente, el rey de los blancos estaba arrinconado por peones negros, mientras la reina negra estaba tirada fuera del tablero a los pies del acabado rey blanco.

Fin

30 abr 2010

Tabla Mixta Nº12 Princesa


"La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color."

Original
La Princesa y el reloj

Tic Tac Tic Tac… sonaba el reloj en la pared
Tic Tac Tic Tac… retumbaba en el vacío de la habitación
Tic Tac Tic Tac… interminable caminar del segundero en la pulcra esfera
Tic Tac Tic Tac… arrullo de la dulce princesa

¿A qué esperas, mi princesita?

Quiero que sea la hora
¿Cuál hora, dulzura?
La hora en que decida volver
¿Venir? Lo dudo, afuera nieva
No creo que le importe
Podría nunca volver
Entonces esperaré
¿Tanto te duele su ausencia?
No me lastimaría, solo siento el vacío
¿Estás triste?
Lo estoy

Tic Tac Tic Tac… se mecen los cabellos despeinados
Tic Tac Tic Tac… los ojos fijos en la lejanía
Tic Tac Tic Tac… el pomposo vestido acomodado
Tic Tac Tic Tac… el frío algodón cae contra la ventana

Princesa, lo que haces se llama terquedad
Soy una terca enamorada
¡Mentira!, niña que no conoce el amor
Amo de manera que parece mentira
No hay horas en ese reloj que arropen tu espera
Entonces es defectuoso
Defectuosa tu falsa entereza
Tan falsa soy que converso contigo
¿No te agrada mi compañía?
Eres mi única compañía
¿Lo soy?
Lo eres
¿Por qué?
Por que naciste de mi espera

Tic Tac Tic Tac… los ojos sin vida fijos en la ventana
Tic Tac Tic Tac… la boca reseca blanca como papel
Tump… tump… suenan las campanas
Tump… tump… los ojos se abren
Tump… tump… las lágrimas se deslizan
Tump… tump… otro día a pasado

El reloj no camina más… el vestido se ha roto
El reloj no camina más… el cabello ha crecido
El reloj no camina más… la hojas caen de los árboles nuevamente
El reloj no camina más… la voz de la espera sigue molestando
El reloj no camina más… el amado no regreso con el anillo prometido
El reloj no camina más… y la triste princesita se esta cubriendo de polvo

Fin

27 abr 2010

Creando

Bien, este es mi gran prueba en el desconocido mundo de los blogs, si logro encontrarme un poco en este lugar es gracias a mi suerte y un angelito. (Si, esa eres tu linda)