Reto Nº 3.
Carta: Tristeza.
Tabla: Desamor.
Fandom: Original.
1. No hables
¿Desde cuando estamos así?
Hace un año que nos conocimos, ella era la edecán más linda en una presentación de las distintas empresas, yo, un joven empresario que comenzaba a hacerse notar en una gran compañía, la vi., me vio, y al final del evento la invite a salir.
Fue una linda cita, y a esa siguieron más, al mes nos hicimos novios y a los tres meses nos mudamos juntos a un departamento amplio cercano a un parque, es una chica poco ambiciosa y con pésimo desempeño de ama de caso, sin embargo, yo la adoro, es inteligente y dedicada, su carácter es agradable y da pláticas amenas, además, es terriblemente hermosa, de esas que hechizan con una mirada centellante, ella sin duda tiene encanto.
Pocos caprichos no le he cumplido a la exigente chica, sin embargo verla sonreír es el gran premio por mi esfuerzo, esa sonrisa dulce al despertar a su lado teniéndola entre mis brazos, o sus lagrimas al ver el desastre hecho en la cocina al intentar en vano cocinar, no se porque la amo tanto, y aun así como todo se viene abajo en un momento.
Considero que no he hecho nada malo o para hacerla disgustar, y sin embargo ella no me sonríe igual ni me presta atención, si, se que sueno infantil por pedir su atención pero no considero posible que no me hable si no hay nadie más en la casa, comprendo que se aburre y no le restrinjo salir, sin embargo, ella cada vez es más distante, sus respuestas son monosílabos cortantes que me dirige mientras se maquilla con esmero frente al espejo ovalado de su tocador.
“Dime, ¿Qué he hecho para molestarte?” Le he preguntado más de una vez, no molesto
no triste, si no con suavidad para que no piense que me molesta su actitud, ella solo
niega diciéndome que nada he hecho, que simplemente no esta de humor.
Su mal humor se hace cada vez más constante y pasa más tiempo fuera, yo trabajo y le cumplo sus caprichos pero ya no hay ninguna muestra de agradecimiento, como si fuera mi obligación cumplir con las demandas de la exigente princesa, me siento decaer al ver como pasa todo esto.
Los últimos días me sonríe con la misma dulzura antes de salir en la mañana sin decirme a donde, yo no le pregunto ya que no quiero importunarla, pero sé bien que esa dulzura no es igual, no me llena el corazón, no me gustan las cosas por compromiso.
Hoy ha sido mi día libre, ella no pareció recordarlo y estoy solo en la casa, ese vacío triste en la casa que ya no tiene ni una muestra de felicidad de mi chica, no esta el eco de s risa vivaracha, no, solo vacío, nada más que decir.
Con tranquilidad me dirijo al refrigerador, quizás comer algo me ayude a pasar el tiempo y calmar este vacío, veo ahí dentro una canasta llena de duraznos, no recordaba que los tuviéramos, reflexiono un momento y me doy cuenta que una vecina que posee un huerto nos los había obsequiado hacia un par de semanas, con una sonrisa saque la canasta de fruta y la puse en la encimera, los pobres duraznos se ven en cierta parte blandos por el descuido de dejarlos tanto tiempo.
Saco de un cajón un cuchillo y comienzo a partir los duraznos, quitándoles las partes maltratadas y poniendo en un plato lo demás, me da tristeza que el descuido de estos haya provocado que algo tan dulce se perdiera, me recuerda a algo y eso me hace sonreír con cierta melancolía, así era la vida.
Tiro los desperdicios y corto en cuadritos la parte buena de la fruta, llevándome uno a la boca, era tremendamente dulce y jugoso, mejor aun que cuando estaba en su punto perfecto, pero aun así la inmensa dulzura de un trocito no te satisfacía como morder la fruta entera y bonita aunque al morderla no fuera tan dulce, sonreí, lo había entendido, así que deje la fruta en el plato y me dirigí a mi cuarto, sabia que debía de hacer.
…
Por la noche llegó una chica al lugar, con una sonrisa que se comenzaba a borrar al notar la luz en el comedor, sobre la mesa estaba un plato con duraznos partidos, con el cansancio que traía por haber salido con sus amigas tanto tiempo para distraerse se sentó a comerlo, estaba muy rico, muy dulce, así que gustosa se los comió todos, se levantó a lavar el plato y notó que bajo este estaba una nota, era la letra de su novio, hizo un gesto de duda y la alzo para leerla, un gesto de sorpresa se instaló en su rostro y corrió al cuarto abriendo el closet, no había nada de su ropa. Ni sus trajes ni sus corbatas, corrió al baño y no estaba su cepillo de dientes, en toda la casa no había nada de él y con pesar se dejó caer en el sillón pasándose la mano por la cabeza, había sido su culpa, él había sido un gran novio y ella no lo había sabido apreciar, se sintió tan tonta pero no pudo llorar, ya que la culpa se lo impedía.
…
En el balcón de un hotel se encontraba un sonriente chico, mirando la noche con tranquilidad, no valía la pena estar al lado de una persona que le daba esa dulzura hueca, no más silencio incomodo, había sido un “durazno” agradable.
…
La chica tomaba una copa en el sillón con un gesto de seriedad mientras una lágrima le pasaba por la mejilla, y en la mesa estaba la nota escrita pulcramente.
“Amor… La fruta siempre es más dulce antes de echarse a perder. Adiós”
15 may 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentarios:
¿Ven que comer fruta es bueno? Y los niños que nunca hacen caso. Veré de hacerlo, quizás así consigo inspiración.
Me gustó mucho. No me esperaba ese final, fue interesante. Y quién diría que al final ella terminaría llorando.
Sigue escribiendo Princesa, besos.
Publicar un comentario