3 jul 2010

Los Charcos Mojados

Carta: Tristeza.
Tabla: Desamor.
Fandom: Original.

No.3 No te separes de mi


Llueve de nuevo esta tarde, me gusta que llueva, pero a ti no te gusta, dices que puedo enfermarme por jugar en la lluvia, vamos, vamos, juguemos… una vez más, ¿O es que los adultos no saltan en los charcos?

Me sonreíste, estas contenta de que quiera jugar contigo, me gusta jugar contigo, no todos tienen un amigo adulto, los adultos son raros, que no juegan como los niños, por eso no muchos niños tienen amigos adultos, deberían jugar más, ¿No lo crees?

Me haces usar una sombrilla, bueno aun así puedo jugar en los charcos, están mojados, ¡no te rías!, los charcos no siempre están mojados, a veces son lodosos y te hacen resbalar, pero si resbalas caes y te ensucias, por eso debes jugar mejor en los charcos mojados, te mojas pero no te ensucias.

Debemos cruzar la avenida, me tomas la mano, es que los niños somos pequeños y no podemos ver si viene un auto rápidamente, siempre me cuidas tanto, los adultos son grandes para cuidar de los más pequeños, siempre me lo dices, entonces mi manita toma la tuya, cruzando con cuidado, mirando después a los autos pasar por el mojado pavimento salpicando agua, pero me sigues sosteniendo la mano, se que ya es hora de ir a mi casa, ¿Jugaras conmigo? ¡Hay que tomar chocolate y galletas! ¿No? Los adultos toman café, por que el café es cosa de adultos, pero tú eres una adulta diferente a mi mama ¿Las niñeras son siempre tan bonitas? ¡No te rías! Mejor dame esa galleta de arriba de la alacena, que yo no alcanzo, pero cuando sea adulto la tomare por mí mismo, yo lo sé.

Nos sentamos a ver llover, pronto deberás irte, pero yo no podre acompañarte, recuerda lo de los charcos mojados y no vayas a caer, que eres tan alta que de seguro te lastimarías mucho y eso duele, no quiero que te duela, que eres bonita.



Llueve de nuevo, no es muy diferente a aquella tarde, ¿Recuerdas los charcos mojados? ¡No te rías! Que no hay que olvidarlos, ¡saltemos en los charcos mojados!, los adultos también deberían saltar en los charcos mojados.

De nuevo una avenida, tomas mi mano pequeña, dices que los adultos son grandes para cuidar de los más pequeños, si, recuerdo haberlo escuchado antes, al cruzar miro a los autos salpicar con una sonrisa, a veces creo que las cosas se repiten una y otra vez, me agrada, añoro aquel día.

Debemos ir a mi casa ¿Te quedarás conmigo? Quiero un chocolate, aunque sé que los adultos toman café, sonríes, si, sé que soy infantil, ahora estiro la mano para tomar una galletas de la alacena, pero ya lo has hecho por mí, sostienes el frasco entre tus manos, si, sabía que no me dejarías dártelo, recuerdo que dijiste que cuando lo alcanzaras lo tomarías por ti mismo.

Ya no soy tu niñera, ¿Sigo pareciéndote bonita? Aunque ya no me veas tan alta, ya no podre regañarte, aunque deba alzar la vista para ver tus ojos aun puedo ver a ese niño que quería saltar en los charcos mojados, aunque también sea un adulto, un joven listo y apuesto de sonrisa traviesa, eres tan joven aun, pero siempre me abrazas, diciendo que ahora tú no quieres dejar de cuidarme, que sigo bonita, ya se, la próxima vez que llueva usaremos impermeable, quiero saltar contigo en los charcos mojados.

Una espera

Carta: Tristeza
Tabla: Desamor
Claim: Original
5. No me dejes sola, otra vez.


He esperado todo el día este momento, sentada en el sofá con una cara ilusionada, mis ojos vigilan el reloj como si fuera a escaparse si apartaba la vista, las bonitas manecillas de latón moviéndose al compas de ese incesante tic tac, ese que muchas veces no me deja dormir al escucharse en el silencio de la amplia habitación, pero sé que en este momento cada uno me acerca más a la hora deseada.

Me he bañado temprano para poder tomarme mi tiempo en arreglarme, me ilusiona estrenar ese vestido de faldas alzadas por una bien cosida crinolina, esos que te hacen ver como una princesa de cuento, me ricé el cabello prolijamente adornándolo con una diadema de brillantitos pequeños, me maquillé como si fuera una muñeca procurando no ser exageraba con ese factor, me calcé los tacones blancos, colocándome un anillo en el dedo corazón y una pulsera de plata, perfumándome con delicadeza y sentándome a esperar, todo a tiempo, ansiosa por la hora esperada.

Estoy segura que él me traerá flores

Muevo los pies con ansias en el sillón, la hora de acerca rápidamente, no quiero parecer ansiosa al verte, no eso sería muy malo.

¡Que pensarías de mí!

La hora señalada esta en el reloj, miro con ansias la puerta escuchando a que llames, yo se que en un piso tan amplio la puerta puede a veces no escucharse.

En cualquier momento llegará

La hora a pasado, media hora, no es para tanto, en las ciudades grandes a uno solía pasarse que se le iba el tiempo en el trafico, no debía de tardar.

De seguro se quedó atorado en la avenida principal


Una hora ha pasado y no da señales de llegar, el teléfono no ha sonado en una disculpa por la tardanza y una promesa de pronta llegada, cansada me quito los tacones, usarlos tanto tiempo es bastante agotador.

Se está tardando

La sonrisa se ha borrado ya de mi rostro y los rizos se han caído regresando a mi cabello lacio y sin chiste de siempre, con gesto de molestia arrojo los zapatos lejos, caminado descalza y sentándose en una esquina de la sala en el suelo con mi vestido nuevo, me recargo en mis brazos sintiendo como la pintura comienza a correrse con el sudor del verano, con ese gesto de estar completamente harta.

Ingrato

Han pasado ya tres horas, me quito el vestido dejándolo sobre el sillón y tomo una bata cualquiera, quedándome echa un ovillo en el sillón, las alhajas quedan en la mesita junto al sillón, relegadas de importancia.

¡No puedes llegar retrasado 4 horas!

Me he quedado dormida en el sillón por la espera, y entre sueños escucho la puerta de la casa, no llamó, solo entró, escucho algo moverse en el otro extremo del sillón y como la tela de mi vestido esta en tus manos, una maldición en voz baja y como se acercaba a mí, alargue la mano golpeando involuntariamente a esa persona, mirando su rostro en la oscuridad.

De nuevo lo olvidaste

Mi voz no sonó enojada, sino herida, pase mi cumpleaños esperando por una cita con alguien que olvidó completamente que teníamos planes, que olvido mi cumpleaños.

“Lo siento”

Una voz sin sentido, un aroma a licor, no solo había olvidado todo, si no que se había ido a beber por ahí, tomo uno de los tacones y te lo arrojo con ira, te cubres disculpándote inútilmente, te empujo con todas las fuerzas que me dan mi enojo y te arrojo fuera, poniendo la cadena y todos los seguros de la puerta.

Imbécil, solo lárgate

Me dejo resbalar por la puerta quedando con la espalda recargada en esta, abrazando mis rodillas y derramando lágrimas por todo eso, esa sensación de abandono, de estar completamente sola.

Detesto ser tan poco importante para ti

Me recargo en la pared, cansada de llorar, hipando ligeramente, con una sonrisa ladeada y llena de ironía.

Lo peor, es que se que mañana te perdonaré.