Tabla: Desamor
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5. No me dejes sola, otra vez.

He esperado todo el día este momento, sentada en el sofá con una cara ilusionada, mis ojos vigilan el reloj como si fuera a escaparse si apartaba la vista, las bonitas manecillas de latón moviéndose al compas de ese incesante tic tac, ese que muchas veces no me deja dormir al escucharse en el silencio de la amplia habitación, pero sé que en este momento cada uno me acerca más a la hora deseada.
Me he bañado temprano para poder tomarme mi tiempo en arreglarme, me ilusiona estrenar ese vestido de faldas alzadas por una bien cosida crinolina, esos que te hacen ver como una princesa de cuento, me ricé el cabello prolijamente adornándolo con una diadema de brillantitos pequeños, me maquillé como si fuera una muñeca procurando no ser exageraba con ese factor, me calcé los tacones blancos, colocándome un anillo en el dedo corazón y una pulsera de plata, perfumándome con delicadeza y sentándome a esperar, todo a tiempo, ansiosa por la hora esperada.
Estoy segura que él me traerá flores
Muevo los pies con ansias en el sillón, la hora de acerca rápidamente, no quiero parecer ansiosa al verte, no eso sería muy malo.
¡Que pensarías de mí!
La hora señalada esta en el reloj, miro con ansias la puerta escuchando a que llames, yo se que en un piso tan amplio la puerta puede a veces no escucharse.
En cualquier momento llegará
La hora a pasado, media hora, no es para tanto, en las ciudades grandes a uno solía pasarse que se le iba el tiempo en el trafico, no debía de tardar.
De seguro se quedó atorado en la avenida principal
Una hora ha pasado y no da señales de llegar, el teléfono no ha sonado en una disculpa por la tardanza y una promesa de pronta llegada, cansada me quito los tacones, usarlos tanto tiempo es bastante agotador.
Se está tardando
La sonrisa se ha borrado ya de mi rostro y los rizos se han caído regresando a mi cabello lacio y sin chiste de siempre, con gesto de molestia arrojo los zapatos lejos, caminado descalza y sentándose en una esquina de la sala en el suelo con mi vestido nuevo, me recargo en mis brazos sintiendo como la pintura comienza a correrse con el sudor del verano, con ese gesto de estar completamente harta.
Ingrato
Han pasado ya tres horas, me quito el vestido dejándolo sobre el sillón y tomo una bata cualquiera, quedándome echa un ovillo en el sillón, las alhajas quedan en la mesita junto al sillón, relegadas de importancia.
¡No puedes llegar retrasado 4 horas!
Me he quedado dormida en el sillón por la espera, y entre sueños escucho la puerta de la casa, no llamó, solo entró, escucho algo moverse en el otro extremo del sillón y como la tela de mi vestido esta en tus manos, una maldición en voz baja y como se acercaba a mí, alargue la mano golpeando involuntariamente a esa persona, mirando su rostro en la oscuridad.
De nuevo lo olvidaste
Mi voz no sonó enojada, sino herida, pase mi cumpleaños esperando por una cita con alguien que olvidó completamente que teníamos planes, que olvido mi cumpleaños.
“Lo siento”
Una voz sin sentido, un aroma a licor, no solo había olvidado todo, si no que se había ido a beber por ahí, tomo uno de los tacones y te lo arrojo con ira, te cubres disculpándote inútilmente, te empujo con todas las fuerzas que me dan mi enojo y te arrojo fuera, poniendo la cadena y todos los seguros de la puerta.
Imbécil, solo lárgate
Me dejo resbalar por la puerta quedando con la espalda recargada en esta, abrazando mis rodillas y derramando lágrimas por todo eso, esa sensación de abandono, de estar completamente sola.
Detesto ser tan poco importante para ti
Me recargo en la pared, cansada de llorar, hipando ligeramente, con una sonrisa ladeada y llena de ironía.
Lo peor, es que se que mañana te perdonaré.

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